Elvis Presley sigue vivo y disfruta de su tiempo libre en las gasolineras de la Ruta 66. El aterrizaje lunar del Apolo 11 fue un montaje publicitario orquestado en un estudio de cine para incitar a la Unión Soviética a arruinarse en la carrera espacial. Las estelas de condensación que dejan atrás los aviones en ciertas condiciones atmosféricas son, en realidad, “estelas químicas” que contienen sustancias utilizadas para el control mental y la manipulación masiva. La Tierra es plana (una vez más), el 11-S y el asesinato de Kennedy fueron “operaciones internas” y, por fin, se ha destapado la conspiración global de caníbales satánicos que controlan todo el mundo a través de un foro de Internet poco conocido.
Estas son solo algunas de las teorías conspiratorias que recorren nuestra conciencia colectiva. Algunas son conocidas, otras son impactantes, pero todas forman parte de un fenómeno mucho más amplio: el aumento del pensamiento conspiratorio en la sociedad moderna.
Pero ¿por qué la gente se cree las teorías conspiratorias? ¿Se trata de una enfermedad mental, de una necesidad de control o de algo más profundo? Para responder a estas preguntas, nos reunimos con Steve Fisher, LPC, director de servicios clínicos de WellPower, y exploramos las raíces psicológicas de las creencias conspiratorias. Lo que descubrimos fue un panorama complejo en el que la salud mental, la dinámica social y la psicología evolutiva desempeñan un papel importante.
¿Qué es una teoría conspiratoria?
En el fondo, una teoría conspiratoria es una explicación causal de los acontecimientos que atribuye la culpa a un grupo de personas poderosas que actúan en secreto para beneficiarse a costa de los demás. Es importante señalar que no todas las conspiraciones son imaginarias: la historia está llena de abusos reales de poder, delitos corporativos y manipulación política.
“En realidad, existen conspiraciones legítimas”, afirmó Fisher. “Las personas con poder tienden a abusar de él. Esto tiene consecuencias negativas. Piensa, por ejemplo, en la avaricia corporativa, los políticos, las agencias de inteligencia o los grupos políticos cuyos intereses prevalecen sobre la verdad. Incluso las teorías conspiratorias más absurdas suelen contener un grano de verdad, lo que las hace más convincentes y difíciles de rebatir por completo”.
¿Cómo cae la gente en pensamientos conspiratorios?
El camino hacia el pensamiento conspiratorio suele comenzar lentamente y va creciendo con el tiempo. Lo que empieza como una forma inocente de conectar con otras personas en Internet puede descontrolarse, y a menudo solo se hace evidente en retrospectiva. Por ejemplo, los algoritmos de las redes sociales pueden empujar a padres primerizos que buscan información sobre las vacunas a un laberinto de desinformación, lo que en última instancia los lleva a desconfiar de todos los profesionales sanitarios.
La psicología evolutiva ofrece una explicación: para sobrevivir, nuestros antepasados debían ser cautelosos y desconfiar de los extraños. “Era mejor tener un pensamiento erróneo y estar a salvo que ignorar una posible amenaza y ser devorado por un tigre”, explicó Fisher. Nuestros cerebros están programados para detectar patrones y conectar hechos, lo que a veces nos lleva a ver conexiones donde no las hay. Esta tendencia al reconocimiento de patrones y a la desconfianza está profundamente arraigada en nuestra psique.
También pueden influir los factores relacionados con la salud mental. Las personas con trastornos del pensamiento, como la esquizofrenia, pueden ser más propensas a creer en teorías conspiratorias. Los trastornos de la personalidad, especialmente los que implican paranoia o un “ego frágil”, pueden hacer que la realidad resulte demasiado angustiosa de afrontar, por lo que las personas acaban aceptando explicaciones alternativas. El narcisismo, tanto individual como grupal, puede avivar la necesidad de proteger una narrativa sobre uno mismo o sobre la propia comunidad. Dicho esto, es importante señalar que no todas las personas con un diagnóstico de salud mental son susceptibles a las teorías conspiratorias, ni todas las personas que creen en una teoría conspiratoria tienen un diagnóstico de salud mental.
Factores de riesgo para tener creencias conspiratorias
Los estudios destacan varios factores de riesgo que hacen que las personas sean más susceptibles a las teorías conspiratorias:
- Ansiedad: Sentimientos de ansiedad pueden aumentar la vulnerabilidad a los pensamientos conspiratorios.
- Estrés: Un mayor número de acontecimientos estresantes en la vida y una mayor percepción del estrés se asocian con una mayor creencia en las conspiraciones.
- Exclusión social o aislamiento: La desesperación y la marginación que resultan de la exclusión social pueden empujar a las personas hacia comunidades conspiratorias.
- Percepción del peligro: Confiar demasiado en la intuición y mostrar antagonismo hacia quienes se perciben como extraños, junto con la necesidad de superioridad comunitaria, son factores predictivos importantes.
El contexto social más amplio también influye. Como explicó Fisher, “estos factores se amplifican en épocas de agitación social, cuando las personas sienten que su posición se ve amenazada”. En medio de un rápido cambio social, la forma en que se comparte la información, especialmente a través de las redes sociales, intensifica las creencias marginales y dificulta que las personas escapen de la cámara de eco conspiratoria.
La doctora Karen Douglas, resume la bibliografía psicológica sobre las teorías conspiratorias:
- Motivos epistémicos: La necesidad de conocimiento y certeza.
- Motivos existenciales: La necesidad de sentirse seguro, protegido y poderoso.
- Motivos sociales: La necesidad de sentirse bien consigo mismo y con su grupo.
¿Las teorías conspiratorias pueden ser buenas para la salud mental?
¿Por qué persisten las teorías conspiratorias, incluso ante pruebas y argumentos lógicos en contra? Para muchos, las conspiraciones ofrecen consuelo y orden en un mundo confuso e injusto. Ofrecen un sentido de comunidad, significado e incluso emoción. Creer en una conspiración puede hacer que las personas se sientan importantes, legítimas y moralmente justas, un “estímulo” psicológico al que es difícil resistirse.
“”Si puedo sentir que moralmente tengo razón y puedo mirarte por encima del hombro, eso me hace sentir bien y se convierte en algo que perseguiré”, dijo Fisher, describiendo así la validación y el sentido de superioridad que pueden contribuir a emociones positivas temporales.
La forma en que las teorías conspiratorias se nutren del “pensamiento dicotómico” – respuestas en blanco y negro a problemas complejos— también puede resultar gratificante, emocionante y proporcionar un sentido de rectitud moral. Sin embargo, estas también explotan nuestras vulnerabilidades, convirtiéndonos en víctimas de las mismas narrativas que abrazamos.
Los daños de las teorías conspiratorias
Cuando las personas actúan basándose en creencias conspiratorias, a menudo empeoran las condiciones que las llevaron a pensar así en primer lugar. La sensación de soledad y exclusión social que hacía que esos foros resultaran tan reconfortantes puede intensificarse a medida que la persona se sumerge en opiniones más extremas que no comparten quienes están fuera de esa cámara de eco. Es posible que se alejen no solo de los círculos sociales más generales, sino también de amigos y familiares que no compartan esas ideas, lo que les hace sentirse aún más aislados. Esto puede provocar un aumento de la ansiedad y la necesidad de sentirse reafirmados, lo que mantiene el ciclo.
En casos extremos, actuar en base a una conspiración puede dar lugar a violencia y daños graves y directos a otras personas. Otros impactos negativos pueden incluir la negativa a participar en comportamientos beneficiosos, como la vacunación. Consideremos como ejemplo actual el recién aumento de casos de sarampión.
A nivel social, la teoría conspiratoria puede ampliar la brecha entre personas con puntos de vista diferentes. En lugar de que personas razonables discrepen sobre cuál es el mejor camino que seguir, estas diferencias se convierten en intensas batallas entre el bien y el mal: por un lado, están los que conocen la verdad; por otro, los que intentan silenciar a los que la dicen. Cuando los grupos adoptan realidades alternativas, aumenta la polarización y la desconfianza en la autoridad, lo que complica la acción colectiva y la resolución de problemas.
Cómo hablar con alguien que cree en las teorías conspiratorias
Supongamos que usted conoce a alguien que está inmerso en una teoría conspiratoria. ¿Cómo podría abordar el tema? Primero, hablemos de lo que no se debe hacer: No intente convencer a alguien solo con hechos y pruebas. Como dijo en su día Jonathan Swift, “No se puede convencer a una persona de que abandone una postura que no ha adoptado de forma racional”. Probablemente, discutir no hará que cambien de opinión; a menudo, las pruebas o los argumentos en contra de una teoría conspiratoria se reinterpretan como pruebas de la propia conspiración (“eso es justo lo que ellos quieren que pienses”).
En cambio, dijo Fisher, “sea compasivo y respetuoso, y evite que la persona se sienta amenazada”. Haga preguntas por curiosidad genuina, en lugar de intentar que la persona caiga en contradicciones o falacias lógicas. Se ha demostrado que animar a las personas a pensar de forma analítica les ayuda a ser menos susceptibles a las teorías conspiratorias. Una forma de hacerlo es pedirles que piensen en un acontecimiento del pasado en el que sintieron que tenían el control. A veces, puede ser útil darles pequeñas dosis de información precisa, un enfoque denominado “inoculación”, pero hay que estar preparado para encontrar resistencia, al menos al principio.
Cómo fortalecer la resiliencia frente a las teorías conspiratorias
Para evitar caer en el pensamiento conspiratorio, ejercite su pensamiento crítico, busque medios de comunicación objetivos y confíe solo en datos verificables de fuentes fiables. Esté siempre atento a los motivos y las fuentes de financiación de la información (sin caer en teorías conspiratorias, por supuesto). Practique lo que los terapeutas denominan “pensamiento dialéctico”, es decir, aceptar que la realidad está compuesta por muchos matices de gris, y no solo por blanco y negro. Ayude a los demás a salir de las teorías conspiratorias ofreciéndoles información precisa de forma no amenazante.
En cualquier caso, no debemos olvidar que la compasión y el respeto son fundamentales. Al comprender las raíces psicológicas de las teorías conspiratorias, podemos desarrollar resiliencia en nosotros mismos y en nuestras comunidades y así fomentar una realidad compartida que favorezca la salud mental y el bienestar.
Apoyo para la salud mental
Si existe riesgo de sufrir daños, ya sea por una teoría conspiratoria o no, llama al 911. Si usted o alguien que conoce necesita ayuda urgente 24/7/365, llame, envíe un mensaje de texto o un chat al 988 para comunicarse con la National Mental Health Line (Línea Nacional de Salud Mental). En Colorado, también puede acudir a un centro de atención sin cita previa para recibir ayuda inmediata en caso de crisis. El centro sin cita previa de Denver (gestionado por WellPower) se encuentra en 4353 E. Colfax Ave. Encuentre el centro más cercano a usted aquí.
¿Está preparado para explorar el apoyo para la salud mental para usted o un ser querido? Haga clic aquí para obtener información sobre cómo acceder a los servicios de WellPower o llame al (303) 504-7900. Damos la bienvenida a los miembros de Medicaid y aceptamos una amplia gama de planes de Medicare, así como seguros comerciales.